EL VAR NO ARRUINÓ EL FÚTBOL: LO ARRUINÓ EL CRITERIO HUMANO QUE LO OPERA
El VAR no destruyó el fútbol — lo destruyó el criterio humano que lo opera. Los protocolos los fijaron organismos que nunca homologaron al árbitro antes.
El VAR prometía justicia — entregó interrupciones de entre cuatro y ocho minutos, líneas de fuera de juego trazadas sobre milímetros imposibles y debates post-partido que superan en duración al propio partido. Fácil culpar a la máquina. También, incorrecto.
El sistema solo analiza lo que los árbitros de sala le indican que analice. Los protocolos de intervención, los criterios de "contacto claro", la definición de qué es o no "rompedor de juego" — todo eso lo decidieron humanos en comités de UEFA y FIFA que actualizan el reglamento con la velocidad de una reforma constitucional en un país sin urgencias.
El VAR no tiene sesgo — lo importa. Cada árbitro que se acerca al monitor lleva consigo el mismo criterio subjetivo que aplicaría sin él, ahora legitimado por la pantalla. El problema no es el hardware: es que nunca se homologó el software humano antes de instalar la tecnología. Y eso no se actualiza con una nueva versión del sistema — se actualiza con criterio, formación y consistencia. Tres recursos que los organismos rectores del fútbol demuestran escasear de forma crónica.
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